sábado, 14 de julio de 2018

Atrévete 673...

Dios, Dios, Dios, Dios... pero qué hice ¡¿anoche?!

No me lo puedo creer, no bebo más! Mierda, creía que la última vez lo había dicho en serio. Es absurdo el valor que es capaz de infundirnos un par de copas de vino (o cuatro).

Hacía tanto tiempo que no escribía aquí que ya ni siquiera recordaba la contraseña pero ayer, ayer...
Alguien me pidió que volviese a escribir algo y tampoco tenía nada mejor que hacer, así que me dije "¿por qué no?". Serían las ocho de la tarde cuando acabé de hacer el resto de cosas que tenía pendientes así que me decidí a escribir.
Como soy una soberbia incapaz de resistirse a un desafío, puse un tuit donde avisaba que iba a escribir... "se aceptan peticiones". Obviamente fue un error... no tardé mucho en recibir un DM.







Y así, es como me metí en uno de los mayores líos de mi vida. Ni siquiera imaginaba cómo acabaría todo...

Empecé a buscar como loca en Internet, sexo lésbico, tríos, orgías... pero eso era más de lo mismo, cualquiera podría describir una imagen de un trio. Siempre me han hecho mucha gracia esas escenas, porque seamos sinceros, el porno está enfocado al público masculino. En casi todas las escenas de tríos el "machote" termina follándose a una de las tías mientras la otra lo mira con cara de deseo... a veces creo que sólo les falta sacar unos pompones para ponerse a animar.
Pero no era esto lo que yo quería, quería escribir sobre algo, algo que yo jamás había vivido y hacerlo de tal forma que cualquiera que lo leyese, desease vivirlo. YO, y mis expectativas.
Empecé a agobiarme, no encontraba mi chispa. No era capaz de imaginar una historia creíble donde encajase todo esto. Así que decidí tomarme una copa de vino. Ya llegaría la inspiración, en algún momento. Tampoco había apostado nada así que no perdería nada más que mi orgullo.

22.00 ...tercera copa de vino.
Estuve un rato haciendo el tonto en twitter como siempre, y de repente se me ocurrió¡ la historia podría darse en un club de intercambio¡¡¡ Todavía más, yo sería la protagonista¡ Una divorciada que no termina de encajar con nadie porque en realidad está enamorada de un imposible... una con muchas ganas acumuladas que una noche después de tomar varias copas, decide irse a un club de intercambio a investigar para escribir un relato erótico/porno. Era perfecto, por primera vez yo sería la protagonista de uno de mis relatos. Incluso busqué la dirección de un sitio que hay aquí cerca (curiosamente justo al lado de un parque infantil de bolas...muy irónico). Luego empecé a reírme sola ¿qué absurdo, no? ¿cómo iba yo a atreverme a ir sola a un sitio a mantener sexo...con desconocidos? era absurdo, pero no sé por qué... me pareció lo más morbosamente pervertido que había pasado jamás por mi cabeza.

01.15 ...en la puerta del club.
No me lo podía creer, pero ¿qué hacía yo allí? "Malditas apuestas" me repetía una y otra vez.
Supongo que el vino estaba haciendo más efecto del que pensaba, me había dado una ducha rápida y me había puesto un vestido lencero, de esos que dejan que los pezones se marquen cuando hace frío aunque la verdad es que el calor en Sevilla anoche era insoportable. Debajo llevaba solo unas braguitas de encaje (iba sólo a investigar pero tampoco había que descuidar los detalles). Las sandalias de tacón atadas al tobillo y apenas un poco de colorete y máscara de pestañas.
Cuando el chico de la entrada me vio llegar se quedó mirando detrás mía esperando que llegase mi pareja, supongo que no es habitual que una mujer vaya sola a estos sitios. Soltó una media sonrisa cuando le pregunté si había que pagar. "No hace falta, puedes pasar a tomar algo, ya si luego quieres una habitación privada, el camarero te informará de los precios" y añadió un "Pásalo bien".
Pero qué equivocado estaba, yo solo iba a investigar para escribir este estúpido relato.

Al pasar me sorprendió la normalidad de aquel sitio. Supongo que esperaba un sitio lleno de gente con pinta de pervertidos escaneando con la mirada a todo el que entraba por la puerta con cara de vicio. Señores mayores y gordos con puros en la mano y señoras llenas de perlas con copas de champán y los labios rojos mal pintados... joder, es mi imaginación y no sé por qué me lo imaginaba así.
Me senté en la barra y le hice un gesto al camarero que vino corriendo a servirme una copa. Durante un rato estuve disimulando con mi Ginebra con limón mirando a mi alrededor, intentando observar a la gente pero sin pasar demasiado tiempo mirando a los mismos, para no llamar la atención. Había grupos que charlaban animadamente, entre risas y sorbos a sus copas había algún que otro beso cruzado, no siempre con la misma persona. Parecían simplemente amigos, amigos que tienen mucha confianza, confianza plena.
También había algún hombre solo que parecía más interesado en los otros hombres que en las mujeres, supongo que gays que aún no se han atrevido a reconocer su condición y van a estos sitios para tener relaciones con una pareja donde su auténtico interés tan solo se centra en el hombre, pero con el apoyo moral de un par de tetas a las que magrear en caso de dudar sobre su orientación.
Al cabo de un rato (unos 4 minutos pero que a mi me parecieron 4 horas), el camarero se acercó y me preguntó si estaba todo bien.
- Sí gracias, sólo vengo a tomar algo... no es mi entorno habitual.
- Jajaja, pues casi no se nota nada¡ - hizo una mueca dejando entrever una media sonrisa cómplice - Haremos una cosa, ¿ves aquella pareja de la esquina?
- Mmmm...sí.
- Pues también es la primera vez que vienen. Ven conmigo, te sentaré con ellos así podréis pasar el mal trago juntos.

Me llevó a una mesa donde había una pareja joven, quizás un poco más jóvenes que yo. La verdad es que eran... personas normales. Él parecía uno de esos tíos posesivos, con aire de director de recursos humanos, muy repeinado y mantenía la distancia cruzando los brazos todo el rato. No parecía el tipo de hombre que compartiría a su mujer con nadie. Cosa normal por otro lado, su pareja era una mujer impresionante, una de esas mujeres que te miran y te hacen sentir que estás en casa.
No me equivocaba mucho, tras un rato charlando me contaron que llevaban 5 años casados, que tenían una vida perfecta. Él era empresario, tenía varias ópticas repartidas por toda Andalucía, y ella, con el status económico de su marido, podía permitirse dedicarse a criar a sus dos hijas. Me contaron que habían ido allí porque habían hecho una estúpida apuesta y claro, no tuve más remedio que confesarles yo también "mi" verdad.
Así que todo era "normal" sólo tres personas conociéndose y compartiendo risas sobre un tema que no suele tratarse entre conocidos, la sexualidad.

- Yo tengo clarísimo que no disfrutaría viendo a otro hombre besar a mi mujer, quizás si yo estuviese con otra chica en ese momento no prestaría atención, pero estoy seguro de que si mirase, me jodería -dijo Andrés.
- Supongo que es porque la quieres demasidao para compartirla -dije esto sin tener realmente claro si su problema era machismo o posesividad.
- No es eso -se apresuró Ana a añadir- Es que está acostumbrado a controlarlo todo, no soportaría ser un simple observador, te lo demostraré. Tú mira sus ojos.

Entonces hizo algo que cambió toda la situación... Se acercó a mi, mordiéndose suavemente el labio como mostrando inocencia, pero al mismo tiempo me miraba con ojos de deseo " Tranquila, tú fíjate en sus ojos, verás como arden por no poder controlar esta situación". Y así era, él nos miraba fijamente con las pupilas cada vez más dilatadas. Ana acercó su mano a mi escote y metió sus dedos muy despacio entre la fina tela de raso y mi piel, mis pezones se endurecieron, no sé si por el tacto de los dedos de Ana, por el deseo que los ojos de su marido reflejaban o por el morbo de estar en una sala donde había más gente sin preocuparme de qué pensarían.
Andrés empezó a frotarse el pantalón, se notaba que se le había puesto dura. Ana se acercó a mi lentamente y me besó. Nunca me había besado antes una chica, no así. Quizás un pico con las amigas para la foto de rigor un día de fiesta, pero no así.
Tardamos menos de dos minutos en pedir una habitación.
Era todo tan extraño, excitante, pervertido, morboso, era la puta hostia convertida en subidón de adrenalina.

Fue muy extraño entrar en aquella habitación con ellos, Ana estaba nerviosa pero excitada, imagino que mil pensamientos pasaban por su cabeza, ¿se estaba pasando de la raya?¿afectaría esto a la relación con su marido?... la tensión era evidente.
El gesto de Andrés era tenso, apretaba la mandíbula como si intentase controlar la ira por dejar que fuesen dos mujeres las que estuviesen dominando aquella situación, pero al mismo tiempo su excitación era más que evidente. La situación se volvió un poco extraña, así que decidí tomar las riendas. Como digo siempre "de perdíos, al río".
Me dirigí a Andrés y le tomé de la mano para sentarle en un cómodo sillón que había al otro lado de la habitación, casi frente a la cama que estaba coronada por un espejo gigante que colgaba del techo. Al sentarle me acerqué a su oreja y susurré "ahora mis manos serán las tuyas, quiero que disfrutes mientras ves cómo la acaricio".
Se quedó ahí sentado vestido, simplemente mirando. Me acerqué a Ana y sonriendo la traje hacia nosotros, y la puse justo delante de su marido, de pie. Me coloqué tras ella y suavemente retiré su pelo del hombro para pasar mi lengua recorriendo su cuello mientras desabroché el lacito que sujetaba su vestido en la nuca, cayó al suelo. Vi cómo Andrés me miraba mientras le quitaba el sujetador y le bajaba despacio las bragas, dejándola desnuda ante él, sólo con sus sandalias de tacón, curiosamente muy parecidas a las mías. Dejé caer también mi vestido al suelo, al que le siguieron mis braguitas negras de encaje y allí estábamos las dos, ella delante mirando a su marido y yo detrás completamente desnudas, viendo como él ardía en deseo mientras yo le miraba desafiante al agarrar a Ana por los pechos y tirar de uno de los pezones con la yema de mis dedos. Su respiración era acelerada, la de los dos. Vi como Andrés sacaba su polla dura que parecía que iba a explotar dentro de aquel pantalón, le costaba no levantarse para unirse a nosotras, pero mi mirada era desafiante.
Él aún no estaba invitado.

Era todo tan raro, no sabia si estaba disfrutando de Ana, de Andrés o de mi poder sobre ambos. Bajé mi mano suavemente de los pechos al vientre de Ana, y bajé más, ella aceleró aún más su respiración. Su pubis depilado estaba suave, era como acariciar la piel de un bebé. Cuando presioné lenta pero firmemente mi dedo corazón en la hendidura de su sexo, creí que iba a estallar de placer. Mi dedo pasó de la temperatura exterior al calor de su sexo mojado e hirviendo de excitación. Noté su clítoris hinchado, era maravilloso sentir un clítoris entre mis dedos y no sentir mi propio placer. Me preguntaba  si estaría sintiendo lo que yo hubiese sentido en ese momento, era increíble. Quería más. Di la vuelta y me puse frente a ella, le levanté la pierna y la apoyé sobre el brazo del sillón donde Andrés estaba sentado y me arrodillé justo delante de ella, a los pies de Andrés.
No pudo soportarlo, se acercó a mi oreja y entonces fue él el que susurró "ahora quiero que tu lengua sea la mía, y disfrutaré viendo cómo la comes entera".
¿Quería hacerlo?...quería hacerlo.
Noté como Andrés se levantó detrás de mi e hizo que me levantase "Ven, vamos a la cama, pienso follarte mientras lo haces".
 Y así, fue como él recuperó el control. Yo no podía pensar, estaba todavía aturdida por el tacto de ese clítoris en mis dedos, estaba excitada y necesitaba más, mucho más. De los dos.
Andrés tumbó a Ana en la cama, justo en el filo con los pies apoyados en el suelo, yo volví a agacharme frente a ella y entonces mirándola a los ojos introduje dos de mis dedos dentro de ella, iba a reventar. Ibámos a reventar; ella, yo... él. Se hacía raro tocar desde esta posición el sexo femenino, busqué la parte interna del clítoris con mis dedos y empecé a frotar, ella parecía enloquecer con cada movimiento. Entonces con la mano libre separé un poco sus labios y sucedió, mi lengua se encontró con su clítoris que estaba hinchado y palpitante, me sorprendió que el sabor no me disgustase, era extraño porque era tan distinto a hacer una mamada. Era blando, mi lengua jugaba con él y era todo increiblemente diferente, diferente y divertido. Decidí no analizar nada y sólo disfrutar, y lo consegúi en el momento exacto que Andrés me penetró por detrás. Dios, Dios, Dios, Dios!!
Dios!
Fueron los siete minutos más intensos de mi vida sexual, Andrés descargó toda su rabia contenida por no haber podido dominar la situación follándome como un animal, mientras yo notaba como Ana se corría sobre mi brazo, con los dedos metidos dentro de ella, con la lengua lamiendo todo su sexo, todo. Y al notar como mi brazo se empapaba hasta el codo por las gotas que caían desde su coño, al notar cómo Andrés me sujetó del pelo para retirarme la cara del sexo de su mujer y dejar que ella disfrtutase tranquila de su orgasmo, me corrí. Me corrí como nunca.
Andrés se dejó ir en cuanto vio que había terminado su trabajo, se apartó un paso atrás para correrse y nosotras fuimos al unísono como si hubíesemos tenido una coreografía ensayada, las dos acercamos nuestras bocas para que él se corriese en nuestro beso.
Fui al baño y al mirarme al espejo recuerdo que pensé dos cosas "Estás como una puta cabra Debi" y "Dios!".
Al salir me puse el vestido rápidamente, ellos estaban echados en la cama, riendo, con la complicidad que sólo dos personas que se aman pueden tener. Dije que tenía que marcharme. Ana se levantó y sonriendo me miró y me dijo "Ha sido genial, pero no me has dejado hacerte nada", yo sonreí y contesté "Bueno, creo que ya tengo suficiente material para el relato".
Ella cogió su pequeño bolso y sacó un pintalabios rosa permanente, de esos que vienen con un aplicador en forma de pincel. Cogió mi brazo y miró mi tatuaje de "Atrévete", levantó los ojos para sonreír y con su labial escribió un número de teléfono junto a la oportuna palabra añadiendo "Bueno, quizás algún día te apetezca escribir otro". Las dos sonreímos, miré a Andrés que también me devolvió la sonrisa y me marché.
Al llegar al coche refregué el número con la mano para borrarlo. Había sido una locura, una de las que no deben repetirse.

Y hoy me he levantado y al ver los restos del número en mi brazo he pensado "673... cúantas combinaciones posibles habrá ¿999.999?" quien sabe, quizás algún día vuelva a tener un brote de locura y me dedique a grabarlas en mi teléfono. Así que si tu teléfono empieza por 673 y un día recibes un wassap preguntando "¿Hola, eres Ana?", deberías contestar "Saluda a Twitter" y no olvides etiquetarme cuando subas la captura de pantalla, @rincondimaginar ...será divertido.



jueves, 8 de septiembre de 2016

El fregadero

Odio Sevilla en verano, este calor es insoportable. Para colmo tener que ir a casa de mis padres para atender sus recados, como si ya no me costase bastante atender los míos.
Toda la familia se ha ido a la playa, y yo también debería estar allí, pero claro, mi compañera se ha dado de baja porque se ha lastimado la mano, y como siempre, soy yo a la que le toca pringar. Mi jefa al menos me ha dejado que descanse un día entre semana, luego tres más, y por fin seré libre para tomar caipirinhas en el chiringuito con mis amigas.
La casa de mis padres no está mal para echar el día de descanso, al menos podré tomar el sol en la piscina, he metido en la nevera una de las botellas de blanco semidulce que mi padre guarda en el botellero de la casita de la piscina. Sabía que mi madre tendría el frigorífico vacío, así que he traído fruta. Efectívamente, ya he buscado en la alacena por si encuentro algo de chocolate... ¿quién aguanta todo un día sólo con un par de melocotones y dos manzanas?
Tendré que estar aquí por lo menos hasta las seis o las siete, mis padres tienen una pequeña casita detrás de la casa, con una gran cristalera que tiene vistas a la piscina, apenas hay un par de sofás, un pequeño aseo, una chimenea para las cenas de invierno, y una gran mesa de madera para veinte comensales donde todos nos sentamos a comer en las reuniones familiares. Tiene una cocina americana, con una gran ventana que mira a la piscina. Cuando éramos pequeños, a mi madre le gustaba mirarnos por la ventana mientras fregaba los platos y nosotros disfrutábamos de los juegos en la piscina.
Ahora parece que el viejo fregadero está roto, así que hoy vendrá Borja  a echarle un vistazo. Hace un montón que no lo veo, y pensar que hace no tantos años jugábamos en esa piscina creyendo que nunca nada nos separaría...
Creo que me daré un baño, se supone que no llega hasta la hora de comer. El agua está buenísima. No quiero mojarme el pelo, este agua tiene muchísima cal, y no quiero tener que lavarme el pelo esta noche para ir a trabajar mañana, así que me lo he recogido con un palillo de comer sushi que he encontrado en el cajón de los cubiertos. Me encanta nadar desnuda, sentir la ingravidez en mis pechos, el roce del agua mientras nado y se cuela entre mis piernas, es delicioso.
Después del baño me tumbo a tomar el sol. Está bien estar aquí sola porque puedo tomar el sol sin bikini y deshacerme de las odiosas marcas. Tardo poco en secarme, el calor y el sol tardan pocos minutos en hacer que en mi piel, ya no quede más que aceite de coco, que empieza a hacer que esté aún más sofocada que antes del baño. Pfff, qué calor, este sol es horrible, me está calentando los ojos, no se puede estar boca arriba. De repente, se nubla, ya no me molesta el sol en los ojos, qué bien, una nube que me protege durante unos segundos.
- Sabía que de siempre te gustó llamar la atención, pero recibirme desnuda, me parece excesivo.
Dios que susto, no era una nube, es Borja, Me apresuro a levantarme y cojo la toalla que está en la tumbona para taparme.
- Pero ¿cómo coño has entrado?¡he cerrado la puerta!
- Moni, por Dios, tus padres son parte de mi familia, y los míos viven justo enfrente, de verdad ¿crees que es tan raro que tenga una copia de las llaves?
- Primero, no me llames Moni, ya nadie lo hace, mi nombre es Mónica. Segundo, ¿no te han dicho nunca que hay que avisar antes de entrar en una casa ajena?
- No te alteres tanto Moni, no sabía que estarías, además no sé por qué tanto drama, te he visto mil veces desnuda ¿acaso Mónica es tímida?¡qué tierna!
Odio cuando me vacila, ya lo hacía de pequeños. Se empeñaba en tirarme de las trenzas mientras veíamos los dibujos en el sofá. No puedo permitir que quede por encima, así que con gesto desafiante tiro la toalla sobre la hamaca y lo miro levantando las cejas con una media sonrisa. ¡JA!¡a mí! En realidad me muero de la vergüenza pero no puedo ser menos que él.
- ¿Me vas a seguir a la casita de la piscina para que arregles ese maldito grifo de una vez y pueda marcharme, o te vas a quedar ahí, mirándome el culo todo el día?
Camino dirección al interior de la casa con toda la seguridad que puedo, aunque ahora mismo ni siquiera sé de donde sacarla. Cuando llegamos él se dirige al fregadero. Trae una pequeña caja de herramientas. Lleva una camiseta blanca de tirantes y un pantalón  vaquero. Mira que está bueno el cabrón. Se dirige hacia el fregadero y yo aprovecho para entrar en el baño. Necesito encontrar algo que ponerme, no puede ser una toalla porque después del paseíto desde la piscina, ahora taparme con una toalla de mano del baño, quedaría fatal. Lo único que hay aquí es la camiseta del Boca de mi padre, como es enorme, al menos me tapará el culo. Joder, qué calor da esto, no sé cómo pueden hacer estas camisetas con tanto nylon, se supone que son para hacer deporte.
Cuando salgo veo que Borja está tirado debajo del mueble del fregadero. En esa posición está perfecto para subirme encima a horcajadas y follármelo. Pero, ¿qué demonios? ¿otra vez pensando en él así? creía que ya lo había superado cuando empezó a salir con mi amiga María en el instituto.
Me acerco a la nevera y cojo una de las manzanas, pero en seguida pienso que eso me haría quedar como una niña, y saco la botella de vino y una copa de esas grandes que tanto me gustan, para luego llenarla sólo un dedito. Es como estar en un restaurante. Le ofrezco una copa, pero está ocupado, así que dice:
- Luego te la aceptaré, Móni........ca. -se sonríe, qué mono es- Ahora lo que sí necesito es tu ayuda. Al grifo no le pasa nada, hace ruido porque habrá cogido aire, ya está, cerraré la llave de paso y cuando te avise tu abres el grifo, y luego cierras y vuelves a abrir cuando te diga, ¿Vale?
No parece difícil, así que asiento con la cabeza y me pongo de pie junto al fregadero a esperar que me de la señal.
Abro, cierro, vuelvo a abrir. Le escucho de lejos desde la llave de paso general que está en la cocina de la casa principal, dándome las indicaciones. Cierro, abro... y ya no le escucho. Así que decido dejar el grifo abierto. Por un momento me quedo mirando los reflejos del sol en la piscina. El calor vuelve a ser sofocante, debí haberme mojado el pelo. Instintivamente meto mi mano bajo el grifo. El agua lleva unos minutos corriendo, así que ya está fría. Acaricio el chorro de agua que cae con mis dedos, bailando con ellos bajo la presión del agua, como cuando de pequeña jugaba a sacar la mano por la ventanilla del coche y acariciaba el aire. El agua, las vistas de la piscina, el roce de la camiseta con mi piel desnuda, las cigarras que se esconden entre el césped del chalé, haciendo ese sonido tan característico. Estoy absorta. De pronto noto las manos de Borja sobre mis caderas. No sé cuánto tiempo habrá estado apoyado en el marco de la puerta, mirándome. Me sobresalto, pero no quiero moverme, sigo con la mano acariciando el agua fría que corre del grifo. Se acerca a mi oído y me susurra:
- ¿Sabes? quizás ahora sí podría aceptarte esa copa de vino. -y se acerca más a mi, puedo notar su erección entre sus pantalones vaqueros y la fina camiseta de nylon. Sus manos, puestas en mis caderas, se mueven suavemente para acariciarme, pero la camiseta me queda tan justa, que en seguida mi trasero, queda al descubierto, y puedo notar cómo resopla en mi nuca. Quiero echar mis manos atrás para poder deshacerme de ese dichoso pantalón que nos separa, pero en seguida me dice- No quites las manos del agua, por favor. Está fresquita ¿verdad? -"Si" me apresuro a contestar- Pues quiero que sigas jugando con ella. Voy a hacer algo y quiero que te quedes quieta, lo necesito.
No sé qué es lo que quiere, pero ahora mismo le daría medio hígado si me lo pide. Se pone a mi lado y me quedo mirándolo. Tira del palo que llevo puesto en el pelo, y me deja el pelo suelto. Entonces pone sus manos detrás de mi cabeza, mirándome, yo creo que va a besarme, incluso me inclino un poco, pero no, me separa el pelo en dos mechones. Dios, quiere hacerme dos trenzas, como cuando éramos niños. Me las hace con una pasmosa habilidad para ser un hombre. no deja de mirarme, y en sus ojos puedo ver el deseo. Cuando termina de hacer las trenzas, coge las dos puntas y tira suavemente de ellas para acercar mi boca a la suya y susurra:
- Nunca tuve el valor de tirar lo suficiente como para hacer esto.
Y me besa, y su lengua se pierde en la mía, y ya no quiero sentir el agua del grifo. Nos devoramos la boca con el ansia de dos adolescentes que se han deseado toda la vida, y que nunca se atrevieron a dar ese paso. Mi respiración se acelera, el agua sigue corriendo. Borja me quita la camiseta sacándola de una vez por arriba. Sus manos agarran mis pechos y agacha la cabeza para morderme los pezones y jugar con ellos con su lengua. Arquea su espalda para llegar a ellos, no quiere despegarse de mi. Paramos un segundo, nos miramos, nos sonreímos y nos mordemos el labio como si llevásemos posponiendo esto durante años, pero supiésemos que pasaría. Me apresuro a desabrocharle el pantalón mientras él me agarra las nalgas para atraerme hacia él.
- Espera, tienes calor ¿verdad? estás sudando, ven. -me da la vuelta y me empuja contra el fregadero. Noto el filo de la encimera que se me clava en el vientre. Me acaricia por detrás y me mete los dedos para asegurarse de que estoy preparada para follarme- Esto está muy mojado, ahora vamos a ver quién chorrea más, si este viejo grifo o tú.
Dios, sus palabras mientras me mete los dedos son como un latigazo. Pone su mano derecha en mi cabeza y la empuja hacia abajo, dejando mi cabeza debajo del grifo. Mete su mano izquierda entre mis piernas y levanta la pierna izquierda hasta poner mi rodilla sobre la encimera. Me tiene totalmente abierta, y apoyada en ese mueble de cocina, que le da la altura perfecta para poder follarme. Empiezan las embestidas y cuando la mete por primera vez,  noto un gemido, incluso me dice "Por fin joder. Llevo queriendo follarte desde que te crecieron las tetas". Es curioso, pero saber que me ha deseado siempre, me excita más aún. El chorro de agua que cae sobre mi pelo seco, empieza a resbalar por mis mejillas. Noto como el chorro de agua fría se adentra entre mi pelo trenzado, y el frescor del agua fría empieza a invadir mi cabeza, mientras noto como mi coño se calienta por segundos a ritmo de sus embestidas. Abre más el grifo, el agua fría me chorrea por las mejillas, él se asegura de que no me cae en la nariz, sólo en la boca, y mi lengua sale a jugar sinuosamente con el mismo chorro que antes lo hacían mis manos, intento levantar la cabeza, no porque quiera que esto pare, si no porque quiero sentir la fuerza de sus manos sujetándome bajo el chorro de agua mientras me folla y mis piernas empiezan también ya a chorrear. Y no puedo evitar gemir, cada vez con más intensidad. En cuanto le digo que me estoy corriendo, empieza a bombear con más fuerza, entonces la saca para correrse en mis nalgas. Y me parece nunca jamás nadie me había mojado tanto, de tantas formas distintas.
Bajo la pierna de la encimera con dificultad por el rato que llevo en esa posición. Y los dos nos tiramos en el suelo.
- ¿Quieres ahora esa copa de vino? ¿también tengo dos manzanas y dos melocotones? -no puedo evitar soltar una carcajada.
- ¿Sabes? mis padres seguro que tienen algo más consistente que cuatro piezas de fruta en el frigorífico. Además está aquel columpio en el que solíamos jugar de pequeños......

sábado, 27 de agosto de 2016

La Ópera

¡Qué nervios! Estoy tan ilusionada, siempre me pasa. Siempre me he definido como una persona emocionalmente hiperactiva y "adicta a las primeras veces", así que hoy, que voy a ir por primera vez a la ópera, estoy como una niña con zapatos nuevos.
Laura, mi compañera de piso, tiene un tío que es agente inmobiliario, se ha encargado de la venta de un viejo teatro que durante mucho tiempo ha estado al borde del cierre definitivo. Por lo visto debe ser bastante bueno, porque no era una inversión segura, la ópera no es que tenga mucha demanda en esta ciudad, y el teatro necesitaba muchas reformas. Hoy es la noche del estreno, "La Traviata" ni más ni menos. Laura es profesora de música, así que su tío no ha dudado en invitarla a ella y a quien ella quisiera a asistir con él.
Nunca había ido a la ópera, así que no he podía decir que no. Cuando Laura me dijo ayer que no podía venir porque tiene una cita muy importante, pensé en no ir, pero ya tenía incluso el vestido preparado, uno de esos vestidos tipo años 50, de cintura apretada que te suben las tetas y te hacen parecer toda una Sofía Loren de nuestra época.

Llego tarde, como siempre. No me importa, ha merecido la pena, porque he conseguido estar a la altura de la velada.
Carlos, el tío de Laura, me espera en la entrada tal y como acordamos. No es tan mayor, supongo que rondará los cuarenta y pico, quizás cincuenta. Lleva un traje de chaqueta, y al saludarlo con dos besos, no he podido evitar aspirar el olor que desprende, ese olor que resulta de la mezcla de cualquier buen perfume, con el aroma de un hombre maduro, seguro de si mismo. Ha esbozado una media sonrisa y ha sido cortés, ni siquiera me ha reprendido por haberle hecho esperar. Se lo agradezco, no quiero que nada me estropee esta experiencia.
Como llegamos justos de tiempo, pasamos diréctamente al palco que nos tienen reservados. Ojalá hubiese llegado antes, me he perdido ver los modelitos de las otras mujeres que asisten a la inauguración. En el gran recibidor del edificio apenas quedan algunos camareros del cátering de bienvenida,  y algunos hombres que se han quedado rezagados tomando una copa antes de empezar.
Un chico vestido como uno de esos antiguos botones de los hoteles de Nueva York nos acompaña hasta la entrada del palco. Es  muy servicial, pero no puedo evitar fijarme en que le habla a Carlos con cercanía, supongo que durante el proceso de la venta, habrá pasado mucho tiempo aquí, parece que todos le conocen y le saludan al pasar. Cuando el chico abre las puertas del pequeño habitáculo desde donde veremos la función, siento que el estómago me da un vuelco. Es pequeño, las paredes están forradas con una tela de rafia en verde agua, sobre las que resaltan los adornos de las molduras en blanco que enmarcan cada pared. Tiene dos pequeñas lámparas doradas que apenas alumbran la estancia, unos preciosos sillones forrados con terciopelo rojo y una pequeña mesita. No puedo esperar a que me indique cuál es mi asiento, me asomo apresurada, atraída por la luz que desprende la lámpara de techo que preside el gran teatro, su luz lo ilumina todo. Asomad desde esta altura, puedo ver los asientos de abajo, donde la gente charla impaciente, esperando que empiece la función, mientras miran a su alrededor. Esa sala es un espectáculo y el protagonista es el gran telón de terciopelo rojo que esconde el escenario. Nunca había visto un escenario tan grande, creo que la emoción debe estar haciendo de las suyas en el brillo de mis ojos porque siento que cuando Carlos me toca el brazo para preguntarme algo, lo hace casi con miedo a sacarme de mi embelesamiento. Debo parecer una niña tonta.
- Impresiona, ¿verdad?
Lo miro abriendo mucho los ojos, apenas puedo encontrar palabras para describir cómo este lugar puede hacer que te transportes en el tiempo. Exhalo aire, creo que no he respirado durante los últimos treinta segundos, pero cuando voy a intentar explicar lo que siento, el chico que nos acompaña pregunta qué vamos a tomar. Carlos, que me debe estar viendo la cara de descolocada, pide.
- Para mi lo de siempre, whisky sólo con hielo por favor, y, trae también unas palomitas, ¿no?
- ¡Pero bueno! ¿Se puede saber por qué me mira a mi cuando pide las palomitas? ¿Qué piensa?¿que tengo quince años? Y lo más importante ¿cómo se atreve a insinuar que este vestido tan glamouroso, esta sala, esta situación puede encajar con un paquete de palomitas? ¡Estoy indignada! Sigue mirándome esperando a que conteste si quiero o no las palomitas.
- Bueno, si a ti te apetecen -musito con toda la desgana que mi enfado me permite fingir - Yo tomaré Martini, blanco por favor, sólo.
Se me ha debido notar la indignación, porque no ha podido evitar sonreir y levantar las cejas.
- Mucho mejor Pedro, trae una de esas botellas de Moët Chandon que teneis reservadas para las ocasiones especiales -me mira, esperando mi aprobación- ¿le parece señorita?
- ¡Me parece una idea estupenda! aún así, no descartemos las palomitas... - digo haciendo un gesto con la mano. Esta vez se ríe sin ocultarlo, vaya, tiene una sonrisa preciosa.
Empieza el primer acto, y yo me dejo llevar por la orquesta, la puesta en escena, los cambios de escenarios, es todo tan maravilloso. No puedo evitar apoyar mi cuerpo sobre la barandilla del palco para verlo todo sin perderme detalle, estoy fascinada. Varias veces miro de reojo a Carlos que parece no estar interesado por el espectáculo. No deja de mirarme, supongo que mi cara de embobada es un espectáculo mucho más cómico que la ópera en sí. Es todo tan embriagador. El champagne empieza a hacerme efecto, y las miradas de Carlos también. Es todo tan excitante. Termina el primer acto. Suspiro profúndamente. Miro a Carlos que sigue mirándome, ya de forma descarada. Me sonrío.
- ¿Qué? - pregunto con cara de ¿acaso tengo monos en la cara?
- Nada. Perdona, es que verte mirar al escenario, con esa cara de niña pequeña que va por primera vez al parque de atracciones, es de las mejores cosas que me ha pasado últimamente.
Niña pequeña... ¡y dale!
- Bueno, te confesaré algo - le digo- Esperaba sentirme como Julia Roberts en Pretty Woman, y terminar llorando embriagada por la música, aunque sin ser puta claro -suelta una carcajada, cada vez está más relajado- pero, este sitio, es tan fascinante. Cada rincón de este edificio parece sacado de una película, te invita a soñar ¿no crees?¿cómo voy a centrarme en la música cuando todo lo que la rodea la supera con creces?
- ¡Se me ocurre algo! - me dice, y noto como su cara delata que acaba de ocurrírsele una maldad- Soy como de la casa, tengo acceso a todos los rincones de este teatro ¿te apetece escuchar el segundo acto desde bambalinas?¿quieres conocer "los secretos del teatro"?
Carlos coge la botella de champagne y me coge de la mano. Salimos del palco. Me lleva a la planta de abajo por la gran escalinata que un rato antes habíamos subido. No hay mucha gente, algunos que vuelven del baño y se dirigen a sus asientos de nuevo para ver el resto de la función. Al pasar por el recibidor, veo a los mismos hombres que estaban antes, siguen bebiendo y charlan ahora más animádamente, efecto de las copas supongo, y pienso que es una pena venir aquí para quedarte fuera, pero la  mano de Carlos tira de mi, con seguridad, sin ni siquiera pararse a pedir aprobación con la mirada a los empleados que están allí cuando atravesamos las puertas con el cartel de "SOLO PERSONAL AUTORIZADO". Está cada vez más oscuro. En el suelo de los pasillos hay luces que indican el camino a la parte de detrás del escenario. Llegamos a una zona llena de gente que corre de un lado a otro, cargando material de atrezzo, costureras que dan puntadas a trajes que han sufrido percances de última hora, y un señor con un dossier que no para de dar órdenes a todos los que están a su alrededor y que mira a Carlos que le hace un gesto con la mirada y le levanta el pulgar para indicarle que todo está saliendo a pedir de boca. El señor le devuelve el gesto, y sigue a lo suyo. Seguimos por otro pasillo, estoy perdida, esto parece un laberinto y, sin embargo Carlos parece desenvolverse como en su propia casa. Llegamos a un almacén que debe estar detrás del escenario porque la música aquí es mucho más intensa que en cualquier otro lugar del teatro. Está lleno de trajes que cuelgan de percheros móviles, cajas por el suelo con etiquetas encima... en la penumbra, puedo ver que hay unos sacos de arena, de esos que sirven de contrapeso para subir y bajar escenografía, serán de atrezzo, porque entiendo que ahora en el escenario, todo estará mecanizado. Estoy asombrada, es otro des cubrimiento más. Intento abrir mucho los ojos, como el objetivo de una cámara intentando hacer fotografías mentales de todo lo que veo, quiero guardar este recuerdo para siempre. Carlos, que hasta ahora tiraba de mi con seguridad, es ahora quien se deja arrastrar por mi curiosidad, que nos lleva de un lado a otro del almacén, mirándome, disfrutando de saber que me está regalando una experiencia inolvidable. Le suelto la mano para coger una máscara preciosa que he visto, me la pongo por encima y finjo ser una dama del renacimiento italiano, haciendo una pequeña reverencia. El me contesta con un gesto, me sigue el juego. Me doy cuenta de que todo lo que me rodea ha dejado de ser relevante para mi, ahí está Carlos, mirándome, y yo mirándole a él, y me doy cuenta de que le deseo, le he deseado desde que pidió esas estúpidas palomitas, ahora mismo mi cuerpo está tan excitado por toda esta situación, que no me importa que sea el tío de Mari Loli, no me importa no saber si está casado o si no, lo que sea, me da igual. Carlos es el broche perfecto para esta noche mágica....
He dejado la máscara donde estaba. Carlos y yo ya no nos estamos tocando, tampoco creo que pudiese soportarlo sin avalanzarme sobre él. Me paseo por el almacén y veo unas escenografías preciosas, de esas móviles que usan en el teatro. No puedo evitar perderme entre ellas, quiero ver las que están detrás. Está oscuro, y con la música que proviene del teatro es imposible intuir dónde está Carlos sólo por el ruido. De repente ya se dónde está. Le siento detrás mía, le noto respirar acelerado en mi nuca, nos quedamos así cinco segundos, noto que con cada exhalación caliente suya que acaricia mi piel, el ritmo de mi respiración se va acelerando. Es difícil respirar profundo con este vestido que aprieta tanto el pecho, incluso cuando mis pezones se ponen duros bajo la tela, puedo sentir cómo la presión del corsé hace que el piercing del pezón me provoque un poco de dolor, de ese dolor que excita aún más, y la piel de mi pecho se eriza. Carlos me da la vuelta, nos quedamos los dos mirándonos un segundo hasta que yo, me muerdo el labio mientras le miro a los ojos con las mejillas ardiendo por la excitación para que entienda que no quiero esperar más.La forma en que me toca, sólo un hombre experimentado y seguro de sí mismo puede tocarte así. Me pone la mano en la mejilla y con su pulgar sujeta mi mandíbula para asegurarse de que no me moveré mientras se acerca para morderme suavemente el labio inferior. Siento que me mira como si fuese una muñeca, su juguete, ahora es él el que parece un niño ilusionado. Nuestras lenguas están ansiosas por perderse la una en la otra, nos besamos apasionadamente y noto como Carlos me empuja sutilmente, sacándome de ese laberinto de escenografías. Me acerca a una esquina donde hay amontonado un montón de tela de terciopelo rojo, parece que son unas cortinas del gran escenario del teatro, las que estaban antes de la remodelación supongo. Me deja caer sobre el almohadón gigante de tela y luego se reclina sobre mi. En sus ojos hay tanto deseo, parece que la poca luz que entra desde el escenario, hace que el rojo de la cortina se refleje en el brillo de sus pupilas. Mientras le acaricio los labios curiosa con la yema de mis dedos, noto como me sube la falda del vestido y se deshace de mis bragas sin dejar de mirarme. Abre los botones frontales del corsé de mi vestido, creí que podría respirar mejor al hacerlo, pero estoy tan excitada que me sigue costando. Noto cómo después de quitarme las bragas, al abrir un poco mis piernas, el poco aire que hace, acaricia la humedad de mi sexo refrescando la piel, es un alivio, porque noto como mi clítoris arde por dentro, quiero correrme ya, podría correrme ahora mismo sólo por toda esta situación, que me tiene casi sin respiración.
Me muero por saber cómo es su polla, me muero por tocarla por encima de ese pantalón tan sexy del traje de chaqueta de Carlos, pero no puedo desde aquí, él me ha cogido de las muñecas y las tiene sujetas, manteniéndome con las manos arriba de la cabeza. Está ansioso por devorar mis pechos, los lame con toda su lengua, los acaricia con los labios justo antes de morderlos como si le fuese la vida en ello. Se queda mirando mi piercing, juega con él con su lengua, con sus dientes, al morderme el pezón noto la dureza de la barra de metal que acaricia el pezón desde dentro, y que hace que mi vagina se contraiga, suplicando que me penetre en ese mismo momento.
Carlos se mete bajo mi falda, la echa hacia arriba, arrugándola, no quiere dejar de mirarme mientras acaricia mis muslos, desplazando sus manos por el interior de mis piernas, subiendo despacio con las palmas abiertas. Cuando llega a mis ingles, noto cómo separa sus pulgares del resto de los dedos de su mano, para acariciar mis labios, primero por fuera, suavemente, después, apretando sus manos en mis ingles y hundiendo sus dedos entre mis labios mojados por la excitación. Cuando roza mi clítoris creo que voy a explotar, ¡dios mío! Carlos acerca su lengua despacio a mi clítoris, me lame con su lengua, voy a morir. Sigue con sus manos en mis ingles, y su lengua no para de dibujar círculos, de colarse entre los pliegues de mi piel, me succiona, me muerde el pubis, y no no paro  de pensar - Dios, me corro, Dios me corro,Dios...- hasta que introduce dos dedos en mi, y yo no puedo más, y esta vez no lo pienso, esta vez me corro. Mis manos tiran de las cortinas de terciopelo que nos envuelven, mi espalda se arquea con cada pequeña combulsión que provoca mi orgasmo.
Carlos por fin se desabrocha el pantalón, tiene la polla tan dura y mojada que no puede aguantar las ganas de metérmela, ni siquiera es capaz de quitarse el pantalón, tan solo abre la bragueta y la saca. Me muero porque se corra en mi boca, pero no me deja moverme, soy su juguete esta noche y no va a dejar que marque el ritmo. Noto cómo me acaricia con la punta de su polla, la tiene carnosa, apetecible, necesito comérsela ya, ¡Joder! Acaricia mi clítoris con ella, hace que me encoja, acabo de correrme, estoy demasiado sensible, pero el insiste, y nuestros flujos se mezclan para conseguir que vuela a estar a punto, con sus caricias, con su aliento en mi cuello.
- Fóllame por favor, me muero porque me folles - le suplico.
- Así que no te gustan las palomitas, pero sí que eres una niña caprichosa, ¿eh?
Le miro con la cara más inocente que tengo y vuelvo a insistir "por favor". Carlos apoya sus codos en  la cortina de terciopelo a la que yo estoy agarrada con fuerza. Pone sus manos en mi cabeza para impedir que me desplace hacia arriba cuando de golpe entra en mí, sin dulzura, sin darme el trato de niña pequeña que me ha estado dando hasta ahora, me folla bruscamente, embestida tras embestida siento como me toca por dentro, no puedo soportar tanto placer. Cada vez que la saca despacio, para luego meterla de nuevo, con toda su fuerza hasta el fondo, no puedo evitar gemir de placer. Estoy gritando demasiado, incluso puedo escuchar mis propios quejidos por encima de la música que llena la habitación. Carlos pone su mano en mi boca, de la misma forma en que antes la había puesto en mis ingles, con la palma abierta, de lado para que no grite, y me dice "Sshhh calla nena, nos van a encontrar antes de que consiga que te corras otra vez, y quiero sentir como aprietas mi polla dentro de ti antes de correrme". Sus palabras sólo consiguen que gima con más fuerza, ya me he olvidado de todo, he perdido la noción del tiempo. Con su mano aún en mi boca, se sirve del pulgar para hacerme levantar la barbilla, me muerde, puedo notar sus gruñidos, otra vez el calor invade mi cuerpo. Vuelvo a estallar en un orgasmo, esta vez mucho más intenso, acompañado por la música, que debe estar en el momento álgido de la función. Carlos no puede más, y la saca para correrse sobre mi pubis. La música para, de pronto se escucha una gran ovación, el público ha debido ponerse en pie "Parece que lo hemos hecho bien, nos aplauden" me dice entre risas. Seguimos ahí ,echados, y sabemos que tenemos que apresurarnos en salir de allí, pronto aquello estará lleno de personal ya recogiendo. Me encanta sentir su leche sobre mi. Cuelo la mano entre nosotros, para coger un poco con dos dedos, los llevo hasta mi boca y los lamo "esto me lo debes, que lo sepas " le digo.
- Eso, mi pequeña caprichosa, lo dejaremos para Madame Butterfly...

domingo, 21 de agosto de 2016

El Club

Genial! una de estas cosas que sólo me pasan a mi. Mi marido siempre me lo dice, estoy ¨demasiado entregada a mi trabajo y bla, bla, bla", me ahorarré el resto, todas lo conocemos. Ellos, y su habilidad para desconectar de todo cuando quieren, en realidad me causan envidia. Pero no, yo no soy así, así que aquí estoy, en la puerta del Club un 15 de agosto esperando a Mario para terminar de organizar el dichoso torneo de padel, cuando en realidad debería estar esperando un mojito en una terraza chill out de Cádiz. Lo único bueno de todo esto, es que al menos podré estar un rato con él, con Mario, el siempre encantador Mario. Tiene la habilidad de siempre haceme reir, por eso no me importan sus wassap de trabajo a las seis de la tarde, cuando tengo que hacer malabares con las maletas del colegio de los niños para poder contestarle. Bueno, vale, la mayoría de las veces le contesto con un ¨Ja, ja, ja 😂" pero es que es difícil ser ingeniosa y sexy, con tu hijo tirándote de la falda para que veas el maravilloso dibujo que te ha pintado en clases extraescolares.
Es puntual, claro, es perfecto, tampoco podía ser de otra forma, aunque siempre vaya corriendo de un lado a otro y haciendo mil cosas. En cuanto llega me da dos besos. ¡¿¡Dos besos!?! Que me bese fuera de horario de trabajo y a solas, va a ser objeto de mis fantasias sexuales durante una temporada...
Hace muchísima calor, así que Mario piensa que lo mejor es ir a la sala V.I.P. del Club, porque allí es donde el aire acondicionado concentra todas sus frigorías para asegurarse de que los socios más importantes, se sienten como en Invernalia, aunque fuera las temperaturas superen las de Mordor.
Es una sala grande, está decorada al estilo colonial, incluso han debido ir al almacén de los moros del Polígono Store a comprar un falso cuerno de elefante que hace juego con el gran ventilador de aspas del techo, y los grandes sillones de mimbre en torno a la mesa de cristal. Lo que más me gusta de esta sala, aparte del mininbar, claro está, es la zona de descanso. Han puesto un gran diván, de piel, cubierto por un dosel digno, junto a las sillas, de cualquier película sobre la colonización inglesa de África.
Saco todo los documentos sobre los actos que se sucederán sobre el evento mientras Mario va a conectar el aire acondicionado. Genial! Como el Club cierra a las cinco, han desconecado los aires desde la centralita que está en la sala de abajo, que por supuesto está cerrada con llave. Conectamos el ventilador de aspas, que suele estar de adorno, y hace un ruido no muy perceptible pero hipnotizador que nos acompaña mientras trabajamos.
Tres veces he sacado ya con disimulo el móvil para mirarme en el espejo que lleva incorporada la carcasa. Mario no deja de mirarme y sonreir, pensé que tendría restos del puré del almuerzo del niño en la cara, pero no. Hace tanta calor por Dios!!! Cojo uno de los lápices y me hago un moño como puedo. Al recogerme el pelo, toco mi nuca, que está empapada en sudor, tengo que tener una pinta horrible... vaya! Un wassap, aprovecharé para mirarme con disimulo al espejo con la excusa de leerlo!
De Mario: "Srta. García,  si no deja usted de mirar el móvil constantemente, voy a empezar a pensar que no tiene ningún interés en mi, quiero decir, en terminar el trabajo.... por cierto, muy sexy ese recogido improvisado 😏"
Mis ojos se han debido abrir como platos. Tardo unos segundos en reaccionar.¿Lo miro?¿qué hago?. Me sonrío, y antes de que me dé tiempo a contestar él me dice ¿Es algo importante, o podemos seguir trabajando?¨ así que le sonrío y le digo ¨Nada importante, un pesado del trabajo que me manda wassaps fuera de horario¨ ¡Toma ya! ¡minipunto para la ricitos! Él se empieza a reir, sabe perfectamente que me gusta, el tonteo entre nosotros es evidente, y por cierto, ¿qué es eso de sexy?. Si normalmente me cuesta contener las ganas de avalanzarme sobre él, ahora ya cualquiera se pone a organizar la distribución de las mesas para la cena de clausura.
El sol apenas nos deja ver, además la flama que entra por la ventana es insoportable, así que Mario me pide que baje las persianas, aún así, el sol que se cuela entre las fisuras de las lamas nos permitirá seguir trabajando.
Cuando estoy junto a la ventana noto que se acerca a mi, se acerca mucho, de hecho, me está tocando. Apoya sus manos en mis caderas y su frente sobre mi nuca. Respira profundo. Dios, está excitado, y es por mi! Todos esos mensajes, esas miradas, esos tonteos, ¿realmente van a hacer que pase algo entre nosotros?¿aqui?¿ahora? Noto cómo un escalofrío recorre mi cuerpo a pesar del calor insoportable. Mis pezones están duros y la piel de mis senos se eriza dificultando que la gota que cae de mi cuello recorra todo el camino de mi pecho hasta el ombligo, bajo la blusa de gasa, que ya parece una segunda piel, pegada a mi por el sofoco del calor. Me apresuro a poner mis manos sobre las suyas, inclino la cabeza hacia atrás para que pueda oir mi gemido. Quiero que entienda que lo deseo, tanto como me desea él a mí. Se acerca más, presiona su erección contra mi trasero, que acude a frotarse contra ella. Ahora también estoy mojada por dentro...
Todo es suave, calmado, estamos tan sofocados por el calor, que ya respirar cuesta, mucho más con la excitación de nuestras lenguas enredándose la una con la otra, devorándose como, si ante esta calor, la única fuente de hidratación, fuese la saliva del otro. Me da la vuelta para lamer cada gota de sudor de mi cuello, saca la camisa de la falda y ni siquiera se detiene a quitármela, solo la sube a la altura de mis hombros, para poder agarrarse con fuerza a mis pechos, y esa erección, esa erección que sigue apretándo contra mi culo como si pudiese traspasar la ropa y penetrarme directamente. Llevo las manos a mi espalda, justo hasta su bragueta, la abro, deseo sentir el calor de su polla en mis manos.
Cuando la saco, noto que la punta está mojada, la acaricio, y el gime, le gusta.
Con su mano derecha baja hasta el filo del dobladillo de mi falda, sube acariciando mis muslos para llegar hasta mis braguitas de encaje. No me las quita, noto como pasa su dedo índice por el filo de la costura y lo introduce hábilmente. Estoy empapada, tengo el clítoris hinchado, puedo sentir cómo me palpita en cuanto introduce sus dedos entre mis labios para acariciarlo. Ahí, de pié, con su mano izquierda aferrada a mi pecho... me corro por primera vez con Mario.
Estoy tan exhausta que me dejo caer sobre mis rodillas, me siento sobre mis talones y levanto la vista, y justo detrás está él, con su imponente erección justo encima de mi cabeza. Lo miro desde esa posición, mordiéndome el labio, inclino la cabeza hacia atrás para lamerle despacio. En cuanto mi lengua roza su piel, emite un gemido, sabe lo que quiero, y me lo da. Se sirve de sus manos para obligar su pene erecto a llegar hasta mis labios, y despacio, se acopla a mi. En esta posición puedo notar como mi boca y mi garganta están perfectamente alineadas para que pueda introducirla entera en mi boca. Entre tragada y tragada, le veo mirarme desde arriba, lo está disfrutando, y yo, aún más.

Se detiene, en esta posición deben molestarle las piernas, me lleva al diván, pero no quiero tumbarme, no me apetece quedarme pegada a la piel con todo el sudor, así que le tomo la mano y lo guío para que se quede de pié, justo delante de él. Me pongo de rodillas mirando a la pared, y le invito a acercarse por detrás. Me retiro el pelo a un lado del cuello y cojo sus manos para llevarlas de nuevo hasta mis pechos. Me encanta que se agarre a ellos, ver sus manos apretando mis pezones como si fueran mis propias manos. Acerco su polla a mis nalgas, acariciándolas con ella. Me reclino un poco sobre el respaldar del sillón, dejando expuesto mi culo a su merced. Frota suavemene su polla por todo mi sexo, desde delante hacia atrás, empapándose de mi sudor y mi corrida, y entonces, cuando la tiene cerca de mi culo, echo mi cuerpo hacia atrás para que la introduzca despacio. Puedo escuchar como dice "ohhhhhhh" en cuanto nota el calor de mi cuerpo invadiendo su miembro.

Va despacio, tiene miedo de hacerme daño, pero yo quiero más. Reculo una y otra vez hasta que la tiene metida entera, me he ido dejando caer por el respaldo del sofá hasta quedarme con el pecho pegado a las rodillas, desde aquí, puedo tocarme con facilidad mientras me folla. Me meto dos dedos, busco acariciarle desde mi interior. Lo nota, siento que empieza a bombear con más fuerza, puedo notar como está totalmente dura dentro de mi, y al fondo de mi culo, la cabeza suave, carnosa, hirviendo. Cada vez el choque de su pelvis contra mis nalgas es más fuerte, más rápido. Cuando estoy a punto de correrme, se derrama dentro de mi, pero sigue, sigue, y noto cómo, cuando la saca, va derramando su leche que ya ha rebosado mi culo, y empieza a derramarse sobre el sofá de piel blanca. Y el calor, y el sudor, y su polla que sigue en mi culo, y Mario, y TODO hacen que vuelva a correrme, como nunca antes me había corrido.
Nos quedamos exhaustos, tenemos las articulaciones entumecidas, pero no importa, porque no hemos terminado el trabajo, así que mañana tendré que volver a posponer las vacaciones un día más, y ahora, ya no será un día menos de vacaciones, será una tarde más con Mario...

viernes, 19 de agosto de 2016

La apuesta

Por fin había llegado el día,parecía mentira lo interminable que se me estaba haciendo ese pasillo de hotel, casi tan largo como los tres meses que habían pasado desde que me atreví a mandarle aquel primer DM.
Nuestras conversaciones desde aquel día habían sido ¡una puta locura! Un "a ver quien puede más", me volvía loco. Siempre sabía qué decir para sacarme esa media sonrisa picarona que me sale cuando me excito. Tuve que hacerme el duro muchas veces para que no se diese cuenta de cuánto me tenía. Una vez, le dije que si se portaba mal, no la dejaría tocarme, y entonces ella lo propuso "¿Crees que serías capaz?¿Crees que podrías tenerme delante mientras te haces una paja y podrías aguantar las ganas de follarme la boca mientras te lo suplico?"
Y fue así como empezó...la apuesta.
Cuando abrió la puerta de la habitación, apenas podía contenerme de lo excitado que estaba, ni siquiera me preocupaba cómo sería el contacto entre nosotros, al fin y al cabo, no podría tocarla, ni ella a mi. Cuando la miré por primera vez, supe que aquello iba a ser un imposible, ¿cómo podía encontrarme tan cómodo en una mirada que era algo nuevo para mi? Estaba nerviosa, aunque quería parecer segura, se le notaba. Hicimos un ademán de ir a darnos un abrazo, por fin la tenía a mi alcance, ¡me moría por abrazarla! Pero me frenó levantando la palma de su mano:
- No podemos tocarnos o perderás la apuesta.
+ ¡Venga ya! ¡Pero si hasta los compañeros de trabajo que se odian, se saludan a veces con un abrazo!
- No voy a regalarte el tacto de mi piel, si te toco, tendrás en qué recrearte. Te quiero ansioso por tocarme, te quiero anhelante por descubrir a qué huele mi piel, a qué saben mis besos.

Así que ahí nos quedamos, tras la puerta de una habitación de hotel, yo apoyado en la pared, y ella en la puerta del armario empotrado, a sólo centímetros el uno del otro, y sin poder tocarnos.
Llevaba un vestido negro y unos zapatos de tacón,  era casi igual de alta que yo con esos zapatos. Se quedó mirándome,sonriendo, mordiéndose el labio, quería provocarme. Dejó caer los tirantes del vestido y con un movimiento sutil se quedó ahí, delante mía,  sólo con esos tacones y unas medias de rejilla sujetas por una fina liga de encaje. No podía dejarme intimidar, así que hice lo mismo, me quité la camiseta y desabroché la bragueta de mi pantalón. Apenas había empezado a bajarlos cuando se puso de rodillas delante mía, dijo que quería verlo más de cerca. En realidad, mi ropa no era parte de la apuesta, así que se encargó de quitarme los pantalones, sin tocarme, joder estaba tan cerca que llegué a notar su pelo acariciando mi piel. Creo que nadie me la había puesto tan dura sin tocarme, en la vida. Y sé quedó ahí, sentada sobre sus tobillos, mirándome a los ojos, disfrutando de saber que esa erección era suya, toda suya. Y entonces lo dijo: "Hazlo"
Empecé a acariciarme, despacio, tenia su cabeza delante de mi, la movía despacio, acompañando los movimientos de mi mano como hipnotizada por ella. Dios!! Esa boca! Me moría por follarme esa boca! Joder! Empezó a acariciarse, apretaba sus pechos con las manos para terminar pellizcando los pezones sólo con dos dedos, tirando de ellos. Los gemidos de placer se mezclaban con los de dolor por no poder tocarme. Me estaba costando no correrme, pero le había prometido que duraría lo suficiente como para que ella tuviese una oportunidad real de ganar. Entonces lo hizo, se acercó a ella que ya estaba lubricada por la excitación y me escupió, y en su mirada podía ver cuánto deseaba que cogiese su cabeza entre mis manos y le follase lentamente la boca hasta derramarme en ella. Acaricié mi polla, toda empapada, cubierta por su saliva: "Hija de puta" fué lo único que pude gesticular... y me miró, me miró con la mirada de una niña traviesa que sabe que ha conseguido su piruleta.
Y entonces, supe que había perdido la apuesta.
No pude resistirlo, no pude resistirme a ella, no quería.
Así que esta vez fui yo el que dijo "Hazlo" y por primera vez le hablé sin miedo a dejar de tener el control, ya no era una orden, era una súplica.
No pude evitar que se me escapase una carcajada al mirarla, sus ojos se abrieron como platos, era tan gracioso, creo que nunca a nadie le había hecho tanta ilusión comerme la polla, ¿o era por haber ganado la apuesta?...no, era el deseo, sabía que había conseguido lo que quería, y ahora iba a disfrutarlo, tenía la oportunidad de lucirse, y no la desaprovecharía. 
Se acercó lentamente, su respiración estaba tan agitada... sus labios se acercaron lentamente a mi, y no pudo aguantar, se la metió entera en la boca, de una vez, la deseaba, no podía entretenerse, sólo hizo una breve pausa para lamer con la punta de su lengua las gotas de líquido preseminal que se habían mezclado con su saliva recién escupida sobre la carne rosada de mi glande. Me miró a los ojos desde esa posición, como buscando saber si me gustaba...y cómo me gustaba! Ni siquiera necesitaba sacarla, pensé que me correría sin tener la oportunidad de follarle la boca como ella queria, tan sólo estaba ahí, disfrutando de su victoria, con mi polla tocando el fondo de su garganta, tenia la boca tan llena de mi que apenas podía mamar,  sacó su lengua dejando más hueco en la garganta y cogiéndome de las nalgas me apretó fuertemente contra ella, lamiendo mis huevos al ritmo de sus arcadas.
Junto a nosotros había una de esas banquetas que ponen en los hoteles para que pongas tu ropa, la acercó y sacándose mi polla de la boca, me pidió que apoyase un pie en ella, ¿qué quería? quería lamerme,  pasar su lengua por mi culo mientras me hacía una paja, eso es lo que quería, y no pude evitar que se me escapase otro "Hija de puta" aunque esta vez fué más un "HIJA DE PUTA".
No podía más, iba a explotar, me sentía como un animal enjaulado al que acaban de abrir la puerta de la jaula. La levanté, la puse contra la pared, sólo quería follármela duro, lo necesitaba, y ella también, lo.supe en cuanto introduje mis dedos entre sus labios y noté el calor de su flujo hirviendo, el clítoris hinchado, apenas podía rozarla sin que se estremeciese, quería sentirme más que nada en el mundo, y yo a ella. Arqueó su espalda dejando caer la cabeza hacia atrás, como ofreciéndome su largo cabello para que pudiese sujetarla mientras me la follaba. Gimió tan fuerte cuando sintió mi polla entrando en ella, que tuve que taparle la boca para que no nos echasen del hotel "Shhhhhh tranquila nena, disfrútalo"
Y entonces note como se movía despacio, no quería que volviese a dominar la situación, así que la empuje fuerte contra la pared, dejándola inmóvil,  a mi merced. Disfruté como un niño de saberla mía, ahí contra esa pared, con su clítoris entre mis dedos, una mano sujetándola del pelo, de la otra, que había ido hasta su boca para acallar sus gemidos, sólo me quedaban dos dedos fuera. A cada embestida notaba como le temblaban las piernas, y otra, y otra, y otra, y explotamos, me corrí tanto que incluso me mareé, tuvimos que apoyarnos en las paredes para llegar a la cama donde los dos nos desplomamos. 
Le acaricié la mejilla que estaba sonrosada y le ardía por la excitación, y no pudimos evitar reirnos juntos cuando le pregunté "¿Y ahora, puedo besarte ya?"

Y así comienza todo....

Y por qué no? Por qué una mamá ejemplar no iba a tener sus propias fantasías? Acaso alguien dice que no podamos limpiar con stilleto y lencería de encaje si queremos? Qué? Que ahora que no tenemos que preocuparnos porque ellos nos llamen garras,  tenemos que preocuparnos porque ellas nos llamen sumisas?
Pues yo no estoy de acuerdo,me gusta contonearme, me gusta ronronear, me gusta esa sensación de tener el culo más apretado gracias a la altura de mis tacones, aunque me esté destrozando los pies. Me gusta provocar, me excita saber que se la pongo dura, mirar con disimulo Cómo. Me observa... En mi opinión, dar placer es el mayor placer que se puede encontrar. Así que sí, soy una madre abnegada,  una señora de mi casa, pero también soy una ZORRA, así, con mayúsculas....con toda la intención.
Cuando empecé en Twitter me sorprendía que la gente escondiese sus identidades, pero si a mi me encanta exhibirme!
Ya tengo una cuenta A, una en la que todos me dicen lo sexy y divertida que soy, y está bien, pero aquí, he venido a desfogarme, no iré nunca más al rincón de pensar, ahora toca ir a ese lugar donde la fantasía y la realidad  confunden sus límites, ahora, vamos a irnos juntos....
Al Rincón De Imaginar.
Por cierto! Si te apetece interactuar búscame en twitter @rincondimaginar