No me lo puedo creer, no bebo más! Mierda, creía que la última vez lo había dicho en serio. Es absurdo el valor que es capaz de infundirnos un par de copas de vino (o cuatro).
Hacía tanto tiempo que no escribía aquí que ya ni siquiera recordaba la contraseña pero ayer, ayer...
Alguien me pidió que volviese a escribir algo y tampoco tenía nada mejor que hacer, así que me dije "¿por qué no?". Serían las ocho de la tarde cuando acabé de hacer el resto de cosas que tenía pendientes así que me decidí a escribir.
Como soy una soberbia incapaz de resistirse a un desafío, puse un tuit donde avisaba que iba a escribir... "se aceptan peticiones". Obviamente fue un error... no tardé mucho en recibir un DM.
Y así, es como me metí en uno de los mayores líos de mi vida. Ni siquiera imaginaba cómo acabaría todo...
Empecé a buscar como loca en Internet, sexo lésbico, tríos, orgías... pero eso era más de lo mismo, cualquiera podría describir una imagen de un trio. Siempre me han hecho mucha gracia esas escenas, porque seamos sinceros, el porno está enfocado al público masculino. En casi todas las escenas de tríos el "machote" termina follándose a una de las tías mientras la otra lo mira con cara de deseo... a veces creo que sólo les falta sacar unos pompones para ponerse a animar.
Pero no era esto lo que yo quería, quería escribir sobre algo, algo que yo jamás había vivido y hacerlo de tal forma que cualquiera que lo leyese, desease vivirlo. YO, y mis expectativas.
Empecé a agobiarme, no encontraba mi chispa. No era capaz de imaginar una historia creíble donde encajase todo esto. Así que decidí tomarme una copa de vino. Ya llegaría la inspiración, en algún momento. Tampoco había apostado nada así que no perdería nada más que mi orgullo.
22.00 ...tercera copa de vino.
Estuve un rato haciendo el tonto en twitter como siempre, y de repente se me ocurrió¡ la historia podría darse en un club de intercambio¡¡¡ Todavía más, yo sería la protagonista¡ Una divorciada que no termina de encajar con nadie porque en realidad está enamorada de un imposible... una con muchas ganas acumuladas que una noche después de tomar varias copas, decide irse a un club de intercambio a investigar para escribir un relato erótico/porno. Era perfecto, por primera vez yo sería la protagonista de uno de mis relatos. Incluso busqué la dirección de un sitio que hay aquí cerca (curiosamente justo al lado de un parque infantil de bolas...muy irónico). Luego empecé a reírme sola ¿qué absurdo, no? ¿cómo iba yo a atreverme a ir sola a un sitio a mantener sexo...con desconocidos? era absurdo, pero no sé por qué... me pareció lo más morbosamente pervertido que había pasado jamás por mi cabeza.
01.15 ...en la puerta del club.
No me lo podía creer, pero ¿qué hacía yo allí? "Malditas apuestas" me repetía una y otra vez.
Supongo que el vino estaba haciendo más efecto del que pensaba, me había dado una ducha rápida y me había puesto un vestido lencero, de esos que dejan que los pezones se marquen cuando hace frío aunque la verdad es que el calor en Sevilla anoche era insoportable. Debajo llevaba solo unas braguitas de encaje (iba sólo a investigar pero tampoco había que descuidar los detalles). Las sandalias de tacón atadas al tobillo y apenas un poco de colorete y máscara de pestañas.
Cuando el chico de la entrada me vio llegar se quedó mirando detrás mía esperando que llegase mi pareja, supongo que no es habitual que una mujer vaya sola a estos sitios. Soltó una media sonrisa cuando le pregunté si había que pagar. "No hace falta, puedes pasar a tomar algo, ya si luego quieres una habitación privada, el camarero te informará de los precios" y añadió un "Pásalo bien".
Pero qué equivocado estaba, yo solo iba a investigar para escribir este estúpido relato.
Al pasar me sorprendió la normalidad de aquel sitio. Supongo que esperaba un sitio lleno de gente con pinta de pervertidos escaneando con la mirada a todo el que entraba por la puerta con cara de vicio. Señores mayores y gordos con puros en la mano y señoras llenas de perlas con copas de champán y los labios rojos mal pintados... joder, es mi imaginación y no sé por qué me lo imaginaba así.
Me senté en la barra y le hice un gesto al camarero que vino corriendo a servirme una copa. Durante un rato estuve disimulando con mi Ginebra con limón mirando a mi alrededor, intentando observar a la gente pero sin pasar demasiado tiempo mirando a los mismos, para no llamar la atención. Había grupos que charlaban animadamente, entre risas y sorbos a sus copas había algún que otro beso cruzado, no siempre con la misma persona. Parecían simplemente amigos, amigos que tienen mucha confianza, confianza plena.
También había algún hombre solo que parecía más interesado en los otros hombres que en las mujeres, supongo que gays que aún no se han atrevido a reconocer su condición y van a estos sitios para tener relaciones con una pareja donde su auténtico interés tan solo se centra en el hombre, pero con el apoyo moral de un par de tetas a las que magrear en caso de dudar sobre su orientación.
Al cabo de un rato (unos 4 minutos pero que a mi me parecieron 4 horas), el camarero se acercó y me preguntó si estaba todo bien.
- Sí gracias, sólo vengo a tomar algo... no es mi entorno habitual.
- Jajaja, pues casi no se nota nada¡ - hizo una mueca dejando entrever una media sonrisa cómplice - Haremos una cosa, ¿ves aquella pareja de la esquina?
- Mmmm...sí.
- Pues también es la primera vez que vienen. Ven conmigo, te sentaré con ellos así podréis pasar el mal trago juntos.
Me llevó a una mesa donde había una pareja joven, quizás un poco más jóvenes que yo. La verdad es que eran... personas normales. Él parecía uno de esos tíos posesivos, con aire de director de recursos humanos, muy repeinado y mantenía la distancia cruzando los brazos todo el rato. No parecía el tipo de hombre que compartiría a su mujer con nadie. Cosa normal por otro lado, su pareja era una mujer impresionante, una de esas mujeres que te miran y te hacen sentir que estás en casa.
No me equivocaba mucho, tras un rato charlando me contaron que llevaban 5 años casados, que tenían una vida perfecta. Él era empresario, tenía varias ópticas repartidas por toda Andalucía, y ella, con el status económico de su marido, podía permitirse dedicarse a criar a sus dos hijas. Me contaron que habían ido allí porque habían hecho una estúpida apuesta y claro, no tuve más remedio que confesarles yo también "mi" verdad.
Así que todo era "normal" sólo tres personas conociéndose y compartiendo risas sobre un tema que no suele tratarse entre conocidos, la sexualidad.
- Yo tengo clarísimo que no disfrutaría viendo a otro hombre besar a mi mujer, quizás si yo estuviese con otra chica en ese momento no prestaría atención, pero estoy seguro de que si mirase, me jodería -dijo Andrés.
- Supongo que es porque la quieres demasidao para compartirla -dije esto sin tener realmente claro si su problema era machismo o posesividad.
- No es eso -se apresuró Ana a añadir- Es que está acostumbrado a controlarlo todo, no soportaría ser un simple observador, te lo demostraré. Tú mira sus ojos.
Entonces hizo algo que cambió toda la situación... Se acercó a mi, mordiéndose suavemente el labio como mostrando inocencia, pero al mismo tiempo me miraba con ojos de deseo " Tranquila, tú fíjate en sus ojos, verás como arden por no poder controlar esta situación". Y así era, él nos miraba fijamente con las pupilas cada vez más dilatadas. Ana acercó su mano a mi escote y metió sus dedos muy despacio entre la fina tela de raso y mi piel, mis pezones se endurecieron, no sé si por el tacto de los dedos de Ana, por el deseo que los ojos de su marido reflejaban o por el morbo de estar en una sala donde había más gente sin preocuparme de qué pensarían.
Andrés empezó a frotarse el pantalón, se notaba que se le había puesto dura. Ana se acercó a mi lentamente y me besó. Nunca me había besado antes una chica, no así. Quizás un pico con las amigas para la foto de rigor un día de fiesta, pero no así.
Tardamos menos de dos minutos en pedir una habitación.
Era todo tan extraño, excitante, pervertido, morboso, era la puta hostia convertida en subidón de adrenalina.
Fue muy extraño entrar en aquella habitación con ellos, Ana estaba nerviosa pero excitada, imagino que mil pensamientos pasaban por su cabeza, ¿se estaba pasando de la raya?¿afectaría esto a la relación con su marido?... la tensión era evidente.
El gesto de Andrés era tenso, apretaba la mandíbula como si intentase controlar la ira por dejar que fuesen dos mujeres las que estuviesen dominando aquella situación, pero al mismo tiempo su excitación era más que evidente. La situación se volvió un poco extraña, así que decidí tomar las riendas. Como digo siempre "de perdíos, al río".
Me dirigí a Andrés y le tomé de la mano para sentarle en un cómodo sillón que había al otro lado de la habitación, casi frente a la cama que estaba coronada por un espejo gigante que colgaba del techo. Al sentarle me acerqué a su oreja y susurré "ahora mis manos serán las tuyas, quiero que disfrutes mientras ves cómo la acaricio".
Se quedó ahí sentado vestido, simplemente mirando. Me acerqué a Ana y sonriendo la traje hacia nosotros, y la puse justo delante de su marido, de pie. Me coloqué tras ella y suavemente retiré su pelo del hombro para pasar mi lengua recorriendo su cuello mientras desabroché el lacito que sujetaba su vestido en la nuca, cayó al suelo. Vi cómo Andrés me miraba mientras le quitaba el sujetador y le bajaba despacio las bragas, dejándola desnuda ante él, sólo con sus sandalias de tacón, curiosamente muy parecidas a las mías. Dejé caer también mi vestido al suelo, al que le siguieron mis braguitas negras de encaje y allí estábamos las dos, ella delante mirando a su marido y yo detrás completamente desnudas, viendo como él ardía en deseo mientras yo le miraba desafiante al agarrar a Ana por los pechos y tirar de uno de los pezones con la yema de mis dedos. Su respiración era acelerada, la de los dos. Vi como Andrés sacaba su polla dura que parecía que iba a explotar dentro de aquel pantalón, le costaba no levantarse para unirse a nosotras, pero mi mirada era desafiante.
Él aún no estaba invitado.
Era todo tan raro, no sabia si estaba disfrutando de Ana, de Andrés o de mi poder sobre ambos. Bajé mi mano suavemente de los pechos al vientre de Ana, y bajé más, ella aceleró aún más su respiración. Su pubis depilado estaba suave, era como acariciar la piel de un bebé. Cuando presioné lenta pero firmemente mi dedo corazón en la hendidura de su sexo, creí que iba a estallar de placer. Mi dedo pasó de la temperatura exterior al calor de su sexo mojado e hirviendo de excitación. Noté su clítoris hinchado, era maravilloso sentir un clítoris entre mis dedos y no sentir mi propio placer. Me preguntaba si estaría sintiendo lo que yo hubiese sentido en ese momento, era increíble. Quería más. Di la vuelta y me puse frente a ella, le levanté la pierna y la apoyé sobre el brazo del sillón donde Andrés estaba sentado y me arrodillé justo delante de ella, a los pies de Andrés.
No pudo soportarlo, se acercó a mi oreja y entonces fue él el que susurró "ahora quiero que tu lengua sea la mía, y disfrutaré viendo cómo la comes entera".
¿Quería hacerlo?...quería hacerlo.
Noté como Andrés se levantó detrás de mi e hizo que me levantase "Ven, vamos a la cama, pienso follarte mientras lo haces".
Y así, fue como él recuperó el control. Yo no podía pensar, estaba todavía aturdida por el tacto de ese clítoris en mis dedos, estaba excitada y necesitaba más, mucho más. De los dos.
Andrés tumbó a Ana en la cama, justo en el filo con los pies apoyados en el suelo, yo volví a agacharme frente a ella y entonces mirándola a los ojos introduje dos de mis dedos dentro de ella, iba a reventar. Ibámos a reventar; ella, yo... él. Se hacía raro tocar desde esta posición el sexo femenino, busqué la parte interna del clítoris con mis dedos y empecé a frotar, ella parecía enloquecer con cada movimiento. Entonces con la mano libre separé un poco sus labios y sucedió, mi lengua se encontró con su clítoris que estaba hinchado y palpitante, me sorprendió que el sabor no me disgustase, era extraño porque era tan distinto a hacer una mamada. Era blando, mi lengua jugaba con él y era todo increiblemente diferente, diferente y divertido. Decidí no analizar nada y sólo disfrutar, y lo consegúi en el momento exacto que Andrés me penetró por detrás. Dios, Dios, Dios, Dios!!
Dios!
Fueron los siete minutos más intensos de mi vida sexual, Andrés descargó toda su rabia contenida por no haber podido dominar la situación follándome como un animal, mientras yo notaba como Ana se corría sobre mi brazo, con los dedos metidos dentro de ella, con la lengua lamiendo todo su sexo, todo. Y al notar como mi brazo se empapaba hasta el codo por las gotas que caían desde su coño, al notar cómo Andrés me sujetó del pelo para retirarme la cara del sexo de su mujer y dejar que ella disfrtutase tranquila de su orgasmo, me corrí. Me corrí como nunca.
Andrés se dejó ir en cuanto vio que había terminado su trabajo, se apartó un paso atrás para correrse y nosotras fuimos al unísono como si hubíesemos tenido una coreografía ensayada, las dos acercamos nuestras bocas para que él se corriese en nuestro beso.
Fui al baño y al mirarme al espejo recuerdo que pensé dos cosas "Estás como una puta cabra Debi" y "Dios!".
Al salir me puse el vestido rápidamente, ellos estaban echados en la cama, riendo, con la complicidad que sólo dos personas que se aman pueden tener. Dije que tenía que marcharme. Ana se levantó y sonriendo me miró y me dijo "Ha sido genial, pero no me has dejado hacerte nada", yo sonreí y contesté "Bueno, creo que ya tengo suficiente material para el relato".
Ella cogió su pequeño bolso y sacó un pintalabios rosa permanente, de esos que vienen con un aplicador en forma de pincel. Cogió mi brazo y miró mi tatuaje de "Atrévete", levantó los ojos para sonreír y con su labial escribió un número de teléfono junto a la oportuna palabra añadiendo "Bueno, quizás algún día te apetezca escribir otro". Las dos sonreímos, miré a Andrés que también me devolvió la sonrisa y me marché.
Al llegar al coche refregué el número con la mano para borrarlo. Había sido una locura, una de las que no deben repetirse.
Y hoy me he levantado y al ver los restos del número en mi brazo he pensado "673... cúantas combinaciones posibles habrá ¿999.999?" quien sabe, quizás algún día vuelva a tener un brote de locura y me dedique a grabarlas en mi teléfono. Así que si tu teléfono empieza por 673 y un día recibes un wassap preguntando "¿Hola, eres Ana?", deberías contestar "Saluda a Twitter" y no olvides etiquetarme cuando subas la captura de pantalla, @rincondimaginar ...será divertido.











