viernes, 19 de agosto de 2016

La apuesta

Por fin había llegado el día,parecía mentira lo interminable que se me estaba haciendo ese pasillo de hotel, casi tan largo como los tres meses que habían pasado desde que me atreví a mandarle aquel primer DM.
Nuestras conversaciones desde aquel día habían sido ¡una puta locura! Un "a ver quien puede más", me volvía loco. Siempre sabía qué decir para sacarme esa media sonrisa picarona que me sale cuando me excito. Tuve que hacerme el duro muchas veces para que no se diese cuenta de cuánto me tenía. Una vez, le dije que si se portaba mal, no la dejaría tocarme, y entonces ella lo propuso "¿Crees que serías capaz?¿Crees que podrías tenerme delante mientras te haces una paja y podrías aguantar las ganas de follarme la boca mientras te lo suplico?"
Y fue así como empezó...la apuesta.
Cuando abrió la puerta de la habitación, apenas podía contenerme de lo excitado que estaba, ni siquiera me preocupaba cómo sería el contacto entre nosotros, al fin y al cabo, no podría tocarla, ni ella a mi. Cuando la miré por primera vez, supe que aquello iba a ser un imposible, ¿cómo podía encontrarme tan cómodo en una mirada que era algo nuevo para mi? Estaba nerviosa, aunque quería parecer segura, se le notaba. Hicimos un ademán de ir a darnos un abrazo, por fin la tenía a mi alcance, ¡me moría por abrazarla! Pero me frenó levantando la palma de su mano:
- No podemos tocarnos o perderás la apuesta.
+ ¡Venga ya! ¡Pero si hasta los compañeros de trabajo que se odian, se saludan a veces con un abrazo!
- No voy a regalarte el tacto de mi piel, si te toco, tendrás en qué recrearte. Te quiero ansioso por tocarme, te quiero anhelante por descubrir a qué huele mi piel, a qué saben mis besos.

Así que ahí nos quedamos, tras la puerta de una habitación de hotel, yo apoyado en la pared, y ella en la puerta del armario empotrado, a sólo centímetros el uno del otro, y sin poder tocarnos.
Llevaba un vestido negro y unos zapatos de tacón,  era casi igual de alta que yo con esos zapatos. Se quedó mirándome,sonriendo, mordiéndose el labio, quería provocarme. Dejó caer los tirantes del vestido y con un movimiento sutil se quedó ahí, delante mía,  sólo con esos tacones y unas medias de rejilla sujetas por una fina liga de encaje. No podía dejarme intimidar, así que hice lo mismo, me quité la camiseta y desabroché la bragueta de mi pantalón. Apenas había empezado a bajarlos cuando se puso de rodillas delante mía, dijo que quería verlo más de cerca. En realidad, mi ropa no era parte de la apuesta, así que se encargó de quitarme los pantalones, sin tocarme, joder estaba tan cerca que llegué a notar su pelo acariciando mi piel. Creo que nadie me la había puesto tan dura sin tocarme, en la vida. Y sé quedó ahí, sentada sobre sus tobillos, mirándome a los ojos, disfrutando de saber que esa erección era suya, toda suya. Y entonces lo dijo: "Hazlo"
Empecé a acariciarme, despacio, tenia su cabeza delante de mi, la movía despacio, acompañando los movimientos de mi mano como hipnotizada por ella. Dios!! Esa boca! Me moría por follarme esa boca! Joder! Empezó a acariciarse, apretaba sus pechos con las manos para terminar pellizcando los pezones sólo con dos dedos, tirando de ellos. Los gemidos de placer se mezclaban con los de dolor por no poder tocarme. Me estaba costando no correrme, pero le había prometido que duraría lo suficiente como para que ella tuviese una oportunidad real de ganar. Entonces lo hizo, se acercó a ella que ya estaba lubricada por la excitación y me escupió, y en su mirada podía ver cuánto deseaba que cogiese su cabeza entre mis manos y le follase lentamente la boca hasta derramarme en ella. Acaricié mi polla, toda empapada, cubierta por su saliva: "Hija de puta" fué lo único que pude gesticular... y me miró, me miró con la mirada de una niña traviesa que sabe que ha conseguido su piruleta.
Y entonces, supe que había perdido la apuesta.
No pude resistirlo, no pude resistirme a ella, no quería.
Así que esta vez fui yo el que dijo "Hazlo" y por primera vez le hablé sin miedo a dejar de tener el control, ya no era una orden, era una súplica.
No pude evitar que se me escapase una carcajada al mirarla, sus ojos se abrieron como platos, era tan gracioso, creo que nunca a nadie le había hecho tanta ilusión comerme la polla, ¿o era por haber ganado la apuesta?...no, era el deseo, sabía que había conseguido lo que quería, y ahora iba a disfrutarlo, tenía la oportunidad de lucirse, y no la desaprovecharía. 
Se acercó lentamente, su respiración estaba tan agitada... sus labios se acercaron lentamente a mi, y no pudo aguantar, se la metió entera en la boca, de una vez, la deseaba, no podía entretenerse, sólo hizo una breve pausa para lamer con la punta de su lengua las gotas de líquido preseminal que se habían mezclado con su saliva recién escupida sobre la carne rosada de mi glande. Me miró a los ojos desde esa posición, como buscando saber si me gustaba...y cómo me gustaba! Ni siquiera necesitaba sacarla, pensé que me correría sin tener la oportunidad de follarle la boca como ella queria, tan sólo estaba ahí, disfrutando de su victoria, con mi polla tocando el fondo de su garganta, tenia la boca tan llena de mi que apenas podía mamar,  sacó su lengua dejando más hueco en la garganta y cogiéndome de las nalgas me apretó fuertemente contra ella, lamiendo mis huevos al ritmo de sus arcadas.
Junto a nosotros había una de esas banquetas que ponen en los hoteles para que pongas tu ropa, la acercó y sacándose mi polla de la boca, me pidió que apoyase un pie en ella, ¿qué quería? quería lamerme,  pasar su lengua por mi culo mientras me hacía una paja, eso es lo que quería, y no pude evitar que se me escapase otro "Hija de puta" aunque esta vez fué más un "HIJA DE PUTA".
No podía más, iba a explotar, me sentía como un animal enjaulado al que acaban de abrir la puerta de la jaula. La levanté, la puse contra la pared, sólo quería follármela duro, lo necesitaba, y ella también, lo.supe en cuanto introduje mis dedos entre sus labios y noté el calor de su flujo hirviendo, el clítoris hinchado, apenas podía rozarla sin que se estremeciese, quería sentirme más que nada en el mundo, y yo a ella. Arqueó su espalda dejando caer la cabeza hacia atrás, como ofreciéndome su largo cabello para que pudiese sujetarla mientras me la follaba. Gimió tan fuerte cuando sintió mi polla entrando en ella, que tuve que taparle la boca para que no nos echasen del hotel "Shhhhhh tranquila nena, disfrútalo"
Y entonces note como se movía despacio, no quería que volviese a dominar la situación, así que la empuje fuerte contra la pared, dejándola inmóvil,  a mi merced. Disfruté como un niño de saberla mía, ahí contra esa pared, con su clítoris entre mis dedos, una mano sujetándola del pelo, de la otra, que había ido hasta su boca para acallar sus gemidos, sólo me quedaban dos dedos fuera. A cada embestida notaba como le temblaban las piernas, y otra, y otra, y otra, y explotamos, me corrí tanto que incluso me mareé, tuvimos que apoyarnos en las paredes para llegar a la cama donde los dos nos desplomamos. 
Le acaricié la mejilla que estaba sonrosada y le ardía por la excitación, y no pudimos evitar reirnos juntos cuando le pregunté "¿Y ahora, puedo besarte ya?"

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