Odio Sevilla en verano, este calor es insoportable. Para colmo tener que ir a casa de mis padres para atender sus recados, como si ya no me costase bastante atender los míos.
Toda la familia se ha ido a la playa, y yo también debería estar allí, pero claro, mi compañera se ha dado de baja porque se ha lastimado la mano, y como siempre, soy yo a la que le toca pringar. Mi jefa al menos me ha dejado que descanse un día entre semana, luego tres más, y por fin seré libre para tomar caipirinhas en el chiringuito con mis amigas.
La casa de mis padres no está mal para echar el día de descanso, al menos podré tomar el sol en la piscina, he metido en la nevera una de las botellas de blanco semidulce que mi padre guarda en el botellero de la casita de la piscina. Sabía que mi madre tendría el frigorífico vacío, así que he traído fruta. Efectívamente, ya he buscado en la alacena por si encuentro algo de chocolate... ¿quién aguanta todo un día sólo con un par de melocotones y dos manzanas?
Tendré que estar aquí por lo menos hasta las seis o las siete, mis padres tienen una pequeña casita detrás de la casa, con una gran cristalera que tiene vistas a la piscina, apenas hay un par de sofás, un pequeño aseo, una chimenea para las cenas de invierno, y una gran mesa de madera para veinte comensales donde todos nos sentamos a comer en las reuniones familiares. Tiene una cocina americana, con una gran ventana que mira a la piscina. Cuando éramos pequeños, a mi madre le gustaba mirarnos por la ventana mientras fregaba los platos y nosotros disfrutábamos de los juegos en la piscina.
Ahora parece que el viejo fregadero está roto, así que hoy vendrá Borja a echarle un vistazo. Hace un montón que no lo veo, y pensar que hace no tantos años jugábamos en esa piscina creyendo que nunca nada nos separaría...
Creo que me daré un baño, se supone que no llega hasta la hora de comer. El agua está buenísima. No quiero mojarme el pelo, este agua tiene muchísima cal, y no quiero tener que lavarme el pelo esta noche para ir a trabajar mañana, así que me lo he recogido con un palillo de comer sushi que he encontrado en el cajón de los cubiertos. Me encanta nadar desnuda, sentir la ingravidez en mis pechos, el roce del agua mientras nado y se cuela entre mis piernas, es delicioso.
Después del baño me tumbo a tomar el sol. Está bien estar aquí sola porque puedo tomar el sol sin bikini y deshacerme de las odiosas marcas. Tardo poco en secarme, el calor y el sol tardan pocos minutos en hacer que en mi piel, ya no quede más que aceite de coco, que empieza a hacer que esté aún más sofocada que antes del baño. Pfff, qué calor, este sol es horrible, me está calentando los ojos, no se puede estar boca arriba. De repente, se nubla, ya no me molesta el sol en los ojos, qué bien, una nube que me protege durante unos segundos.
- Sabía que de siempre te gustó llamar la atención, pero recibirme desnuda, me parece excesivo.
Dios que susto, no era una nube, es Borja, Me apresuro a levantarme y cojo la toalla que está en la tumbona para taparme.
- Pero ¿cómo coño has entrado?¡he cerrado la puerta!
- Moni, por Dios, tus padres son parte de mi familia, y los míos viven justo enfrente, de verdad ¿crees que es tan raro que tenga una copia de las llaves?
- Primero, no me llames Moni, ya nadie lo hace, mi nombre es Mónica. Segundo, ¿no te han dicho nunca que hay que avisar antes de entrar en una casa ajena?
- No te alteres tanto Moni, no sabía que estarías, además no sé por qué tanto drama, te he visto mil veces desnuda ¿acaso Mónica es tímida?¡qué tierna!
Odio cuando me vacila, ya lo hacía de pequeños. Se empeñaba en tirarme de las trenzas mientras veíamos los dibujos en el sofá. No puedo permitir que quede por encima, así que con gesto desafiante tiro la toalla sobre la hamaca y lo miro levantando las cejas con una media sonrisa. ¡JA!¡a mí! En realidad me muero de la vergüenza pero no puedo ser menos que él.
- ¿Me vas a seguir a la casita de la piscina para que arregles ese maldito grifo de una vez y pueda marcharme, o te vas a quedar ahí, mirándome el culo todo el día?
Camino dirección al interior de la casa con toda la seguridad que puedo, aunque ahora mismo ni siquiera sé de donde sacarla. Cuando llegamos él se dirige al fregadero. Trae una pequeña caja de herramientas. Lleva una camiseta blanca de tirantes y un pantalón vaquero. Mira que está bueno el cabrón. Se dirige hacia el fregadero y yo aprovecho para entrar en el baño. Necesito encontrar algo que ponerme, no puede ser una toalla porque después del paseíto desde la piscina, ahora taparme con una toalla de mano del baño, quedaría fatal. Lo único que hay aquí es la camiseta del Boca de mi padre, como es enorme, al menos me tapará el culo. Joder, qué calor da esto, no sé cómo pueden hacer estas camisetas con tanto nylon, se supone que son para hacer deporte.
Cuando salgo veo que Borja está tirado debajo del mueble del fregadero. En esa posición está perfecto para subirme encima a horcajadas y follármelo. Pero, ¿qué demonios? ¿otra vez pensando en él así? creía que ya lo había superado cuando empezó a salir con mi amiga María en el instituto.
Me acerco a la nevera y cojo una de las manzanas, pero en seguida pienso que eso me haría quedar como una niña, y saco la botella de vino y una copa de esas grandes que tanto me gustan, para luego llenarla sólo un dedito. Es como estar en un restaurante. Le ofrezco una copa, pero está ocupado, así que dice:
- Luego te la aceptaré, Móni........ca. -se sonríe, qué mono es- Ahora lo que sí necesito es tu ayuda. Al grifo no le pasa nada, hace ruido porque habrá cogido aire, ya está, cerraré la llave de paso y cuando te avise tu abres el grifo, y luego cierras y vuelves a abrir cuando te diga, ¿Vale?
No parece difícil, así que asiento con la cabeza y me pongo de pie junto al fregadero a esperar que me de la señal.
Abro, cierro, vuelvo a abrir. Le escucho de lejos desde la llave de paso general que está en la cocina de la casa principal, dándome las indicaciones. Cierro, abro... y ya no le escucho. Así que decido dejar el grifo abierto. Por un momento me quedo mirando los reflejos del sol en la piscina. El calor vuelve a ser sofocante, debí haberme mojado el pelo. Instintivamente meto mi mano bajo el grifo. El agua lleva unos minutos corriendo, así que ya está fría. Acaricio el chorro de agua que cae con mis dedos, bailando con ellos bajo la presión del agua, como cuando de pequeña jugaba a sacar la mano por la ventanilla del coche y acariciaba el aire. El agua, las vistas de la piscina, el roce de la camiseta con mi piel desnuda, las cigarras que se esconden entre el césped del chalé, haciendo ese sonido tan característico. Estoy absorta. De pronto noto las manos de Borja sobre mis caderas. No sé cuánto tiempo habrá estado apoyado en el marco de la puerta, mirándome. Me sobresalto, pero no quiero moverme, sigo con la mano acariciando el agua fría que corre del grifo. Se acerca a mi oído y me susurra:
- ¿Sabes? quizás ahora sí podría aceptarte esa copa de vino. -y se acerca más a mi, puedo notar su erección entre sus pantalones vaqueros y la fina camiseta de nylon. Sus manos, puestas en mis caderas, se mueven suavemente para acariciarme, pero la camiseta me queda tan justa, que en seguida mi trasero, queda al descubierto, y puedo notar cómo resopla en mi nuca. Quiero echar mis manos atrás para poder deshacerme de ese dichoso pantalón que nos separa, pero en seguida me dice- No quites las manos del agua, por favor. Está fresquita ¿verdad? -"Si" me apresuro a contestar- Pues quiero que sigas jugando con ella. Voy a hacer algo y quiero que te quedes quieta, lo necesito.
No sé qué es lo que quiere, pero ahora mismo le daría medio hígado si me lo pide. Se pone a mi lado y me quedo mirándolo. Tira del palo que llevo puesto en el pelo, y me deja el pelo suelto. Entonces pone sus manos detrás de mi cabeza, mirándome, yo creo que va a besarme, incluso me inclino un poco, pero no, me separa el pelo en dos mechones. Dios, quiere hacerme dos trenzas, como cuando éramos niños. Me las hace con una pasmosa habilidad para ser un hombre. no deja de mirarme, y en sus ojos puedo ver el deseo. Cuando termina de hacer las trenzas, coge las dos puntas y tira suavemente de ellas para acercar mi boca a la suya y susurra:
- Nunca tuve el valor de tirar lo suficiente como para hacer esto.
Y me besa, y su lengua se pierde en la mía, y ya no quiero sentir el agua del grifo. Nos devoramos la boca con el ansia de dos adolescentes que se han deseado toda la vida, y que nunca se atrevieron a dar ese paso. Mi respiración se acelera, el agua sigue corriendo. Borja me quita la camiseta sacándola de una vez por arriba. Sus manos agarran mis pechos y agacha la cabeza para morderme los pezones y jugar con ellos con su lengua. Arquea su espalda para llegar a ellos, no quiere despegarse de mi. Paramos un segundo, nos miramos, nos sonreímos y nos mordemos el labio como si llevásemos posponiendo esto durante años, pero supiésemos que pasaría. Me apresuro a desabrocharle el pantalón mientras él me agarra las nalgas para atraerme hacia él.
- Espera, tienes calor ¿verdad? estás sudando, ven. -me da la vuelta y me empuja contra el fregadero. Noto el filo de la encimera que se me clava en el vientre. Me acaricia por detrás y me mete los dedos para asegurarse de que estoy preparada para follarme- Esto está muy mojado, ahora vamos a ver quién chorrea más, si este viejo grifo o tú.
Dios, sus palabras mientras me mete los dedos son como un latigazo. Pone su mano derecha en mi cabeza y la empuja hacia abajo, dejando mi cabeza debajo del grifo. Mete su mano izquierda entre mis piernas y levanta la pierna izquierda hasta poner mi rodilla sobre la encimera. Me tiene totalmente abierta, y apoyada en ese mueble de cocina, que le da la altura perfecta para poder follarme. Empiezan las embestidas y cuando la mete por primera vez, noto un gemido, incluso me dice "Por fin joder. Llevo queriendo follarte desde que te crecieron las tetas". Es curioso, pero saber que me ha deseado siempre, me excita más aún. El chorro de agua que cae sobre mi pelo seco, empieza a resbalar por mis mejillas. Noto como el chorro de agua fría se adentra entre mi pelo trenzado, y el frescor del agua fría empieza a invadir mi cabeza, mientras noto como mi coño se calienta por segundos a ritmo de sus embestidas. Abre más el grifo, el agua fría me chorrea por las mejillas, él se asegura de que no me cae en la nariz, sólo en la boca, y mi lengua sale a jugar sinuosamente con el mismo chorro que antes lo hacían mis manos, intento levantar la cabeza, no porque quiera que esto pare, si no porque quiero sentir la fuerza de sus manos sujetándome bajo el chorro de agua mientras me folla y mis piernas empiezan también ya a chorrear. Y no puedo evitar gemir, cada vez con más intensidad. En cuanto le digo que me estoy corriendo, empieza a bombear con más fuerza, entonces la saca para correrse en mis nalgas. Y me parece nunca jamás nadie me había mojado tanto, de tantas formas distintas.
Bajo la pierna de la encimera con dificultad por el rato que llevo en esa posición. Y los dos nos tiramos en el suelo.
- ¿Quieres ahora esa copa de vino? ¿también tengo dos manzanas y dos melocotones? -no puedo evitar soltar una carcajada.
- ¿Sabes? mis padres seguro que tienen algo más consistente que cuatro piezas de fruta en el frigorífico. Además está aquel columpio en el que solíamos jugar de pequeños......

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